Oprimir lágrimas
Oprimes cuanto tienes, y es la primera lágrima la que derrite el iris de tus ojos. Cierras los párpados, reviviendo, resquebrajando cada fragmento. Demoliendo esa masa compacta y espesa, que secaba cada gota brotada de tus pestañas. Vuelves a sorber con un gesto brusco de nariz, recordando como era la comodidad oliendo a cuello un miércoles sobre sábanas. Caen bailando por las mejillas, maldiciendo el último el último beso torpe, el último choque de dientes no forzado. Sollozas e intentas articular palabras que se quedan en mugidos. Un mar de emociones destroza la barrera, la hemos abierto de nuevo para cerrarla con un portazo. Frotas otra vez, te suenas grotesco, zanjando, creyendo que es suficiente. Tendremos que esperar de nuevo para sentir. Tendremos que esperar de nuevo para aceptar que el dolor ayuda a crecer.