Prometo hacer daño
Presuponiendo que yo sea yo, y que mi cuerpo sea mío, podemos interpretar -nosotros- que tenemos prioridad sobre él. Que tanto tú como yo podemos abusar de él y a su vez, él puede excederse con nuestro propósito de malestar mental. Siempre y cuando, y teniendo presente, el hecho de aprender todo aquello que nos rodee en esas circunstancias. Como podrían ser: Las sábanas, la saliva en tu cuello, las gotas de sudor o la ropa interior. El adulador que conspire contra nuestro tiempo infinito de intimidad hostil, quizás consiga causar estragos en nuestro imperio, más si acierta, si la resolución final no es esa. Podemos causarla nosotros, y así dar por terminada nuestra propia batalla de Trafalgar, en la que no influyen navíos, ni ingleses y ni mucho menos cabos en el mar. De hecho, todos los cabos están atados.. Atados por pseudo pensamientos y flashbacks que no volverán a repetirse.
Comentarios
Publicar un comentario